Si la crónica se inicia por el final, valen las palabras de Mario Franceschini cuando sostiene que en otros momentos mostraron buen juego y se quedaron sin nada; que en esta oportunidad “el fin –los tres puntos- justifica los medios –renunciar a jugar-”.
Varió el esquema inicial Chicago, pasó a jugar con tres en el fondo, con enganche y dos puntas. Sólo que la pelota volvía rápido, Alfaro ni Petrovelli podían aguantarla. Si a eso se le suma que Salvador Pasini puso en cancha un 4-4-2 bastante mezquino, así salió el partido: aburrido, carente de emoción. Dos aproximaciones (siendo generosos) en veinte minutos. En ambas Castagno, primero asistiendo a Gómez y en la siguiente rematando cruzado en una corrida solitaria. Luis González era el más movedizo e inquietaba a un errático Ramírez. Soria como contención y Torresi perdía siempre con Lemos (una tremenda entrega, gran quite, si entregara un poco mejor la pelota…).
La pelota iba y venía sin sentido, encima sin público todo era soporífero. Moría la etapa y una pelota perdida, a la que fue con mayor decisión Ramírez, le quedó a Gómez quien jugó para Alfaro, la dejó picar y le metió un derechazo fuerte y alto que se metió junto al palo izquierdo. Faltaban dos minutos para que concluyera la etapa. En esa confusión del Pincha, otro centro, esta vez desde la derecha para un cabezazo perdido de Petrovelli (desconocido, no fue punta, no se conectó con el juego desde atrás).
En el complemento, desde el arranque, Edilio Cardozo por Luis González para jugar con tres puntas definidos; la respuesta, antes de los diez fue Banegas (al lateral y Ramírez de volante) por Petrovelli. Sobre el cuarto de hora, con dos pelotas paradas se acercó Estudiantes, ambas iniciadas por Montero (sufrió un fuerte golpe, le iban a hacer estudios complementarios). Primero cabeceó Gásperi muy cerca y en la otra González hizo una media vuelta que se fue por encima del horizontal. Se pudo definir el partido sobre los 20 minutos cuando Castagno resolvió mal una contra. Podía seguir él, podía habilitar a Gómez, ni una ni otra.
Intentó Torresi desde lejos, sin convicción, a las manos de Monllor (muy seguro, sobre todo en los pelotazos cruzados sobre el área); Ruiz, jugando contra sí mismo –aunque solo había dirigentes y periodistas, sobraban los murmullos de propios y extraños- enganchó hacia adentro y sacó un derechazo que se fue a un metro del parante derecho. Más allá que Pasini sumaba gente en ataque, la falta de movilidad y de un traslado fluido de la pelota desde atrás lo hacía previsible; Franceschini puso a Berón –quiso ganar velocidad- y se aferró a un 4-4-1-1 pensando más en su arco que en Ríos.
Cuando expiraba el encuentro, con la visita jugada, un rápido saque de Monllor encontró a Berón con un arquero muy jugado lejos de su arco, el toque por arriba, en forma lenta, picando, se fue alejando del caño izquierdo. No quedó tiempo para más, Chicago sumó tres puntos y restó juego, Damián Lemos por cómo recuperó, corrió y metió, fue su estandarte. Estudiantes regaló un tiempo y luego ahogó a su propio ataque, la suma de delanteros no garantiza generar peligro.
NUEVA CHICAGO (1): Daniel Monllor; Leandro Testa (ST ’45 Matías Escudero), Juan Barreña y Samuel Cáceres; Damián Castagno, Damián Lemos, Julio Serrano y José Ramírez Agudello; Christian Gómez; Ezequiel Petrovelli (ST’08 Lucas Banegas) y Cristian Alfaro (ST ’25 Eduardo Berón). DT: Mario Franceschini. Suplentes: Rodrigo Drago, Roberto Bochi, Adrián Scifo y Emanuel Tus.
ESTUDIANTES BA (0): Martín Ríos; Guillermo Santana, Sebastián Ferreira, Nicolás Gásperi y Gastón Montero; Luis González (ST ’00 Edilio Cardoso), Luis Soria, Mariano Torresi (ST ’24 José Sosa) y Nahuel Pansardi; Cristian Yassogna y Pablo Ruíz (ST ’29 Andrés Montenegro). DT: Salvador Pasini. Suplentes: Julio Salvá, Facundo Bazán, Jonathan Páez y Germán Scamporrino.
Gol: PT ’43 Alfaro (CH)
Amonestados: Barreña, Gómez y Serrano (CH); Pansardi y Ruiz (E)
Arbitro: Gabriel Paletta. Asistentes: (1) Miguel Baldonado y (2) Marcos Zanella
Cancha: Defensores de Belgrano (local Chicago)
Cobertura: Aldana D´Apice y Julio Osvaldo Cordara







